En nuestra cultura, generaciones atrás, la iniciación sexual de los hombres estaba signada por ser temprana y desprovista de afectos. A la mujer le esperaba una larga demora hasta que el matrimonio le trajera, como un verdadero regalo, la posibilidad de ser sexuada. Actualmente, los mismos adolescentes han ido modificando estas pautas, tratando así de delinear un nuevo perfil de los primeros encuentros entre hombres y mujeres. Esto no quiere decir que están exentos de temores, dudas e interrogantes.
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Los interrogantes que se tienen muestran que la iniciación sexual, la primera relación de penetración, continúa siendo un hito, una experiencia trascendente y significativa. Los adolescentes suelen expresar tres preocupaciones fundamentales: cómo, cuándo y dónde.
¿Existe una edad adecuada y correcta para la iniciación? ¿Hay una forma ideal para realizarla? ¿Qué significa estar preparado para ese momento?
Esta es una etapa de gran compromiso, donde comienza la despedida del cuerpo infantil. No olvidemos que esa etapa, de alguna manera, quedará grabada para siempre. Luego de la iniciación sexual, ya no somos los mismos. A partir de ese momento el comportamiento cambia: la iniciación es un símbolo de independencia, de paso de la endogamia familiar a la exogamia, de crecimiento, de pertenencia a otro grupo (el mundo se divide, para el joven, entre "los que lo hicieron" y el de "quienes todavía no lo hicieron") y es una paso importante en la separación respecto de los padres, a tal punto que en muchas sociedades subsisten ritos de pasaje, con ceremonias y rituales, afirman los expertos en el tema.
La iniciación sexual de los jóvenes es un fiasco en el 99% de las ocasiones, dado que casi nadie está preparado para esta vivencia. Pero no es lo mismo empezar con el novio que con un extraño. Por eso es mejor que la relación sea producto del amor. Ellos temen no responder con la erección y a ellas las angustia el posible abandono.
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Inicios de la sexualidad
La sexualidad se inicia con las primeras aproximaciones con el sexo opuesto, no con el acto sexual en sí. No es fácil frenar el impulso, pero hay que asegurarse de vivir una sexualidad segura y sana. Eso se logra con autoconciencia e información.
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En términos más especializados se habla de niveles, pero éstos son algo más que tres. A saber, y por orden de grados:
-Besos y abrazos. -Besos y caricias sobre la ropa. -Besos y caricias debajo de la ropa. -Desnudos ambos, caricias íntimas, con posibilidad de penetración. -Por último, una relación completa.
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Mucho se habla de la precocidad con que los jóvenes hacen su iniciación sexual. Pero ni padres ni hijos entienden bien qué es ella. Se le relaciona con la actividad coital -con penetración-, pero es algo más amplia, porque puede implicar cualquier aproximación, incluso el juego de seducción. Sobre la edad en que los adolescentes comienzan a tener relaciones sexuales completas, hay algunos estudios que indican que en los hombres, la edad promedio va de los 14 a 15 años. Y en mujeres, de 15 a 16 años.
Esto varía de acuerdo al estrato socioeconómico al que se pertenezca. Y es natural: en sectores de menores recursos económicos, por la carencia de información y educación al respecto, suele hacerse caso omiso a la escalada normal de aproximaciones. Se va del beso a la penetración, lo que redunda en una sexualidad sin delicadeza. De ninguna manera un ideal de comienzo.
Existen factores que protegen una sexualidad sana, en la que una relación coital es una elección y no un acto improvisado o impulsivo.
-Quienes tienen proyectos de vida, asociados a estudio o trabajo, piensan naturalmente más en las consecuencias de sus actos.
-Quien está inserto en actividades que tengan que ver con disfrutar el tiempo libre también está mejor protegido. El contacto con los iguales es fundamental, y es un mito absoluto creer que mientras más encerrado o coartado esté un hijo, menos peligro correrá.
-No hay reglas, no hay recetas, no hay discurso válido para frenar a un adolescente que quiera vivir a pleno su sexualidad. Pero hay requisitos indispensables para hacer que ésta se viva sin culpas, sin riesgos y sin contratiempos.
Recomendaciones
Primero, decidir qué se quiere hacer o hasta dónde llegar. Segundo, pensar siempre en la posibilidad de un embarazo, porque esto es real. ¿Estoy capacitado para la crianza de un niño? ¿Estoy dispuesto a postergar mis propias necesidades adolescentes por un embarazo?
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Algo hay que tener bien claro: los jóvenes tienen el deber y el derecho de elegir ser padres o no. Gran parte de los consultorios municipales de salud tienen programas para adolescentes, con servicios de consejería y entrega de métodos anticonceptivos.
A partir de los 10 años, hombres y mujeres pueden acudir a ellos en busca de orientación y de preservativos y métodos orales anticonceptivos. Para quienes no quieran o no tengan necesidad de acudir a un centro asistencial, un ginecólogo particular puede dar orientaciones de todo tipo y, determinar, además, qué método anticonceptivo es el más adecuado, porque no es llegar y pedir al azar en la farmacia, hay píldoras elaboradas especialmente para jóvenes, con dosis estrogénicas exactas que aseguran que no habrá ningún tipo de desorden hormonal.
Respecto de los preservativos, también es importante elegir el adecuado, porque hay tamaños y calidades distintas.
Muchos especialistas, más de lo que se piensa, están dispuestos a informar y orientar respecto de temas sexuales. Sin miedo, a los jóvenes sólo les queda romper el hielo y preguntar. Es el comienzo de una sexualidad plena, sana y segura.
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Tenga en cuenta
La primera relación íntima no se debe tomar a la ligera ni debe ser producto de las presiones de los amigos.
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Al tomar la iniciativa, es importante que sea con la persona adecuada para que después no te arrepientas.
Toma precauciones como usar el condón, para evitar un embarazo o una enfermedad.
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Lo que más le inquieta al hombre es fracasar con su pareja y no tener erección. A ellas, en cambio, les aterra ser rechazadas después por su pareja.
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